• Miercoles, 6 Noviembre 2019 a las 15:18:00

INTERVENCIÓN DEL DIPUTADO ANTONIO ORTEGA MARTÍNEZ, EN EL MARCO DE LA REUNIÓN DE TRABAJO DE LA MESA DE DIÁLOGO CON ÓRGANOS AUTÓNOMOS, DE LA COMISIÓN DE PRESUPUESTO Y CUENTA PÚBLICA.

No tengo empacho ni pudor ni pena para convertirme ante los que nos escuchan y nos ven, en un firme defensor del Instituto Nacional Electoral, y quiero decir por qué.

INTERVENCIÓN DEL DIPUTADO ANTONIO ORTEGA MARTÍNEZ, EN EL MARCO DE LA REUNIÓN DE TRABAJO DE LA MESA DE DIÁLOGO CON ÓRGANOS AUTÓNOMOS, DE LA COMISIÓN DE PRESUPUESTO Y CUENTA PÚBLICA.

 

No tengo empacho ni pudor ni pena para convertirme ante los que nos escuchan y nos ven, en un firme defensor del Instituto Nacional Electoral, y quiero decir por qué.

 

Hace apenas pocos años, en 1988, en 32 congresos locales del país el PRI tenía Mayoría Calificada. 11 años después, en 1999 el PRI solo tenía Mayoría Calificada en un estado ¡algo pasó! ¡Alguien intervino! El proceso de democratizar la vida política del país se expresó sin duda, en esos momentos.

 

En 1977 solo cuatro municipios eran gobernados por partidos diferentes al PRI, 11 años después había crecido a 40 y unos años después la oposición gobernaba prácticamente la mitad de los municipios de país, más de mil.

 

Hoy, el mosaico político no solo vive, existe, sino que se reproduce y fortalece prácticamente en toda la vida pública del país.

 

La competencia electoral, la alternancia nos habla de que el reparto del poder político en México es real, es efectivo y, sobre todo, es cambiante.

 

El IFE antes, el INE hoy está acreditado ante propios y extraños, ante observadores públicos y privados, ante actores nacionales y extranjeros… En el ranking de calificaciones, el INE, el actual INE, los órganos electorales salen bien calificados por la opinión pública, la gente sabe que es una institución que le sirve al país, y la mejor manera de servirle al país esta institución es que ha armado –a partir de las reformas legislativas- un entramado para que se respete la voluntad de los electores.

 

El hecho mismo de que hoy López Obrador represente al Estado mexicano y al Poder Ejecutivo y sea hoy el Presidente, deja a salvo la idea de que en México sí importa la opinión de los electores y el INE es el responsable de cuidarla y garantizarla.

 

Sin embargo, a pesar de estos avances, hay una opinión social generalizada que critica y descalifica la actividad política, particularmente a los políticos, a los partidos y a los gobernantes, hay que reconocer autocríticamente que no somos víctimas de esta reprobada calificación sino, en muchos casos, causantes activos de esta mala calificación que he mencionado.

 

El resultado mismo de las elecciones del 2018 con el triunfo abrumador mayoritario de Morena se explica por el hartazgo, la insatisfacción y el reclamo social mayoritario contra la clase política descompuesta, incapaz de reaccionar frente a las exigencias sociales.

 

Esa debilidad de la clase política, la política misma, hoy se quiere combatir con un símbolo: “La democracia es cara”; “los partidos no sirven”; “¿para qué invertimos en la clase política si yo soy bueno, soy incorruptible, estoy comprometido con la historia y con los intereses del pueblo? Yo puedo decidir el rumbo sin contrapesos, sin estos órganos autónomos que solo generan dispendios, aparatos burocráticos agigantados y democracias caras”.

 

Termino –presidente, funcionarios del INE y, desde luego, a los que nos escuchan- con un juicio: Nadie ya pone a discusión la gravedad de la situación económica que viviremos el próximo año y el 2021; año que, como ya lo ha dicho el presidente del INE, se realiza la elección más grande de la historia no sólo contemporánea, sino de la historia del país, y el principal reto, con un escenario económico de insatisfacción de empleos, de salarios, de inversión, de generación de riqueza, de distribución, de bienestar; aderezado ahora con la crisis de seguridad que ¿quién puede dudar que crecerá? ¡Crecerá! y el país se puede ver envuelto en graves situaciones de ingobernabilidad y de crisis política, y el único ingrediente es la estabilidad.

 

Y dentro de este principal ingrediente, el reconocimiento de que la opinión de los ciudadanos en la boleta y en las urnas podrá ser un elemento clave para que la tranquilidad del país no se nos escape entre las manos.

 

Por esa razón yo creo que, así como al Presidente, los expertos en economía le recomiendan medidas contracíclicas: En vez de austeridad, gastar; en vez de reducir presupuestos, invertir.

 

Yo creo que, frente al problema de la estabilidad política, lo peor sería achicarnos, lo peor sería no gastar. Hoy una medida contracíclica-política es dotar a instrumentos que sirven y a instituciones que sirven a la estabilidad, como el INE, de los recursos que les sean necesarios.

 

Ayer un compañero de Morena, un diputado que yo estimo, le reclamaba a la Subsecretaria de Egresos, que ella terminaba cada juicio diciendo: “Pues esta soberanía tiene en sus manos la decisión de cambiar”.

 

Entonces, compañeros de la mayoría de Morena, ¡asumamos esa capacidad que tenemos! No juguemos con fuego, y el INE es un instrumento indispensable para evitar riesgos futuros.

 

Yo creo que podemos revisar la propuesta del INE, se pueden hacer ajustes; pero no convertirlos en una institución que mendiga recursos para poder cumplir una tarea de la importancia estratégica que yo he mencionado.

 

Gracias, Presidente.

 

 

 

 

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