• Martes, 14 Noviembre 2017 a las 20:01:00

INTERVENCIÓN DEL VICECOORDINADOR DEL GRUPO PARLAMENTARIO DEL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA, JESÚS ZAMBRANO GRIJALVA

EN LA MESA REDONDA: “PARA LEGITIMAR LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL 2018: CULTURA CÍVICA, TRANSPARENCIA Y COACCIÓN JURÍDICA”

 

 

Querido amigo doctor Luis Molina Piñeiro, gracias por la invitación para que podamos aquí intercambiar nuestras expresiones. Saludo desde luego la firma del acuerdo que se ha hecho renovando ejercicios anteriores en este sentido entre Copuex y la Cámara de Diputados, a través del Centro de Estudios, de Colegio y de Gobierno y Derecho Parlamentario. Y desde luego a nuestros amigos aquí presentes.

 

Yo voy exponer algunas reflexiones que en algunos aspectos coinciden, convergen, parecen a las que aquí hemos escuchado, aunque desde otras perspectivas, quizá podamos diferir en los acentos respectivos.

 

Yo diría que para legitimar la elección presidencial o las elecciones en su conjunto 2018, como lo exponía el doctor (inaudible) al principio, serán las elecciones más grandes que jamás hayamos tenido en una forma concurrente.

 

Para legitimar estas elecciones tendríamos a mi juicio que partir de entender que vivimos una profunda crisis de desconfianza en las instituciones de nuestro país y que se subrayen de manera muy especial en los políticos, en el quehacer de la política y en los partidos políticos de manera muy especial.

 

Y que en la base de esta crisis de desconfianza de las instituciones tenemos, por un lado, la incapacidad e ineficacia de los gobiernos y particularmente del gobierno del presidente de la república para responder y solucionar los problemas de la gente. Lo que se ha provocado –hay que reconocerlo- un desencanto de la sociedad con la democracia.

 

Llegó a decir en alguna ocasión un politólogo brasileño, muy cercano en su momento a Lula, que la democracia política sin alma social le dice muy poco a la gente. Es decir, una democracia política puede ser muy buena, puede ser muy eficaz e instrumentalmente. Pero si no se les responde a los problemas de la gente, termina diciendo para que me sirve. Mucho en lo que ponía énfasis nuestro amigo diputado Doring cuando él recalcaba lo de la eficacia en el ejercicio de gobierno.

 

Por el otro lado, estamos también -y hay que reconocerlo- ante una crisis de fin de régimen que se expresa en una disfuncionalidad institucional y el agudizamiento de problemas nacionales, tales como el de la desigualdad social. Seguimos teniendo enormes franjas de pobreza extrema y que tenemos el agudizamiento de la corrupción, impunidad, el incremento del crimen organizado controlando regiones enteras del país, disputando las funciones del Estado mexicano, cobrando impuestos, controlando el armamento, controlando comunicaciones, etcétera.

 

Y esta, lamentablemente también el crecimiento del crimen organizado, terminado por coludirse y capturando el quehacer político, de gobierno locales y a veces más allá.

 

Entonces, yo digo si es necesario recuperar la confianza social, la confianza ciudadana, mediante un ejercicio –yo diría- de empoderamiento de la ciudadanía, de la gente en la toma de decisiones que ya se están asumiendo desde el desarrollo mismo, en el marco del proceso electoral mirando hacia las elecciones del primero de julio del 2018.

 

Y diría, empoderamiento de la ciudadanía, que a mi juicio tiene que ver justamente esto de ir legitimando todas las fases previas rumbo a las elecciones del primero de julio. No debiéramos verlo, principalmente, en términos de la figura de las candidaturas ciudadanas independientes.

 

Esa es una vertiente que se expresa en parte también como una necesidad de que los partidos políticos no siguieran, en su momento, monopolizando la postulación de candidaturas, sino que también es una expresión la proliferación de candidaturas a la presidencia de la república. Por lo menos hoy las aspiraciones que se han expresado, que hablan por una parte del descredito, de la desconfianza hacia los partidos políticos de sectores importantes de la sociedad.

 

Y por el otro lado, también habla de un evidente despertar ciudadano y mayor interés para participar en la política. Paradójicamente este mayor interés, este boom que pudiéramos llamarle así, particularmente ahora con miras a la presidencial, y lo veremos cuando se vengan también ya el registro para las candidaturas de diputados federal, locales y para senadores de la república, difícilmente va a llevar esa proliferación, esta existencia tan grande de candidaturas independientes va a llevar a que alguno de ellos triunfe. Yo casi diría ninguno de ellos va a ganar la elección presidencial.

 

Ya no vamos a tener otro fenómeno como –lo recordaba el diputado Romo-  como el de Nuevo León, hace dos años, porque ahí están los datos hasta para conseguir el número de firmas para conseguir su registro y derecho a participar están batallando.

 

Para todo esto un ejercicio de estas características a nivel nacional se requiere estructuras y sólo los partidos políticos, como maquinarias político electoral las tienen y no surgieron con generación espontánea, sino como resultado del trabajo de décadas, de actividad política.

 

Y entonces, esto va a llevar a que por esa vertiente y en su momento lo vamos a ver cuándo los que quieran incorporarse a las cámaras locales o a las federales, difícilmente tendrán una gran representación popular para incidir en la toma de decisiones en los órganos legislativos.

 

Entonces, esta fiebre -por así decirlo-, de lo independiente versus los partidos políticos pareciera que no va hacer el mejor de los caminos para lograr el empoderamiento ciudadano en el ejercicio de la política. Entonces, debiéramos poner --desde mi punto de vista- el acento en ejercicios que posibiliten, efectivamente, se hagan propuestas para lo que sigue, para el nuevo proyecto de país.

 

Queremos que se renueve en nuestra patria en todos los  terrenos: en lo que se refiere a régimen político, en lo económico, en el combate a la corrupción, a la impunidad, cómo avanzar en solucionar los problemas de los rezagos sociales, y desde luego, junto con eso también abrir las puertas a los partidos políticos a las candidaturas externas; muchos ya lo hacemos de hecho desde hace mucho tiempo, particularmente, el PRD y ha permitido que esto suceda, que haya, que se aseguren o que se ofrezcan  por anticipado espacios en los próximo gobiernos, particularmente,  en el gobierno de la república y establecer esquemas de vigilancia y fiscalización social para que en su momento puedan hacerse exigibles los compromisos que se habrían adquirido durante las campañas electorales.

 

Y entonces, todo esto debiera ser parte de este proceso de avanzar en el sentido de legitimar las elecciones, porque aquí se decía también en anteriores participaciones, como esta crisis de fin de régimen al mismo tiempo se expresen el hecho de que ya ningún partido político por si sólo ni siquiera incluso coaliciones electorales de varios partidos han logrado tener la mayoría del voto ciudadano, es decir, 50 por ciento más uno.

 

Y dudo que para las elecciones del 2018 para las presidenciales algún partido o coalición de partidos lo vaya a tener. Vamos a ver de una u otra forma lo que hemos visto en las elecciones de los últimos años incluidas las presidenciales, del 2000 para acá, en donde se concentran, se dividen tres, dos disputando el primer lugar y un tercero no tan lejos, pero no logra hacer el tercio mayor; y cuando mucho con participación del listado nominal de un 60 por ciento. Esto es que si alguien gana con el tercio mayor ganará con poco más del 20 por ciento de la lista nominal de electores. Y si vemos desde esta perspectiva la legitimación del resultado electoral nos vamos a quedar limitados. No debiera circunscribirse entonces nuestra visión solamente en la perspectiva de con cuánto ganas sino también del cómo ganas, por supuesto con apego estricto al derecho.

 

Coincido y en su momento cuando se discutieron estos asuntos en la Reforma Electoral. Con qué tanto, 5 por ciento para arriba y ya no te discuto sí te reviso y tu triunfo es legal, o sea puedes hacer fraude, puedes hacer trampa, puedes violar la ley, pero nada más con 5 por ciento. Entonces, esa es una imperfección -hay que reconocerlo- de nuestro régimen electoral.

 

Lo que yo digo es que el cambio más significativo que debiera provocarse y que podría lograr provocar un alto nivel de participación ciudadana para las elecciones del 2018 sería la propuesta de un cambio de régimen para formar gobiernos de coalición. No solo conformado por partidos políticos o fuerzas políticas legalmente reconocidas sino también con la participación directamente de sectores representativos de la sociedad, si bien los hay de la academia, de la intelectualidad, de distintos ámbitos del quehacer social, económico, cultural, etc. Entonces se debiera pactar desde antes de que se inicien las campañas electorales cuando se acuerden las posibles coaliciones. Estamos entre los partidos que hemos decido avanzar hoy en la formación del Frente Ciudadano por México que mañana la idea es que se pueda conformar una coalición electoral a partir de diciembre; se pacte la necesidad de este cambio de régimen para formar gobiernos de coalición.

 

Ciertamente no hay ninguna reglamentación lo idóneo sería que se avanzara en tenerla antes del resultado electoral, pero sino que quede comprometida como una especie de voluntad política como lo decía el doctor Molina Piñeyro y que entonces de facto empiece a conformarse desde el inicio y luego se pueda avanzar en modificar para darle estatus legal y acabar con la disfuncionalidad institucional que hoy tenemos de un presidencialismo que tiene contrapesos reales.

 

Incluso lo del Pacto por México fue un ejercicio que permitió demostrar que sí se podían lograr acuerdos fundamentales aún con fuerzas tan disímbolas, pero no tenía un marco institucional ni siquiera tenía un reconocimiento legal –el Pacto por México- aun cuando incidió de manera significativa en profundas reformas que impactaron la vida del país. Debiéramos avanzar en esta perspectiva de los contrapesos reales que se hagan institucionales y esto yo creo que sería con un gobierno de coalición sería una reforma profunda, radical, democrática, revolucionaria en el sentido de lo que significaría avanzar.

 

 

Y entonces, por lo tanto, desde mi punto de vista –de cultura cívica- de que hoy queremos legitimar la elección, tiene que ver más con que haya espacios para la participación ciudadana y con una ciudadanía informada que tendría que darse con mayores y reales debates y acabar con la spotización que también todo mundo coincide en que hay que acabar con eso para permitir que haya la posibilidad de una sociedad más informada a través de debates reales.

 

Las otras vertientes que son -por supuesto son de una gran importancia- lo que tiene que ver con transparencia y con la coacción jurídica. Ciertamente como aquí se ha dicho -y no lo discuto- aun con todas las imperfecciones hemos avanzado mucho en los últimos años, en las últimas décadas en este terreno, pero también hay que reconocer que faltan piezas legislativas y falta poner en práctica una vertiente político-operativa, cosas, acuerdos que ya están en la ley o que están reconocidos como necesidad.

 

Por ejemplo, en lo legislativo falta avanzar en la reglamentación con los gobiernos de coalición que están reconocidos en la Constitución como posibilidad, de opción al Presidente de la República, hay que acabar con el gasto excesivo –yo diría insultante- de los partidos políticos el financiamiento excesivo no su eliminación como se llegó a plantear en el extremo, pero si acabar con eso, porque eso también genera la desconfianza de un sector amplio de la sociedad,  no puede ser que viven como ricos entre tanta pobreza y entre tantos problemas; acabar con la spotización, propiciar y privilegiar los debates.

 

El tema que tiene que ver con el manejo discrecional de la publicidad gubernamental, que como lo estamos viendo en este 2017, le aprobamos una cosa en la Cámara de Diputados el Presupuesto de Egresos y se va hasta más del doble en los hechos, sin control sin nada. Entonces ahí tenemos que entrar a todo esto.

 

Y luego, otros aspectos específicos solo lo menciono genéricamente porque quedaron plasmados en un adendumdel Pacto por México ante situaciones que en el 2013 se prestaron cuando se agarró con las manos en la masa a funcionarios de Sedesol en el estado de Veracruz operando para favorecer un partido político y que paralizó las actividades del Pacto por México y se suspendieron durante prácticamente un mes; hasta que llegamos a un acuerdo y dijimos todas estas reglas en el terreno electoral para blindar los procesos electorales debieran hacerse.

 

La mayoría -yo digo que siguen vigentes como necesidad- y debieran hacerse como expresión de voluntades políticas, no necesariamente su reglamentación y ahí también por cierto hay una vertiente de formar comités o consejos ciudadanos que puedan entrar a vigilar que los programas gubernamentales no sean utilizados con fines políticos o electorales para favorecer a un partido político en especial.

 

Luego urgentemente -con esto voy a terminar- estamos en un proceso electoral y no tenemos un fiscal electoral, el titular de la Fepade no lo tenemos, quién sabe si vaya a ver acuerdo para nombrarlo; no tenemos un Fiscal General de la República porque ya sabemos todo lo que se dio con el anterior procurador y la pretensión del pase automático a la fiscalía y no con la autonomía que se requeriría del Ministerio Público para que por lo tanto también el fiscal electoral – titular de la Fedape- no estuviera sujeto a una decisión unipersonal del Fiscal General de la República.

 

Nos falta el fiscal anticorrupción junto con los magistrados encargados de juzgar las denuncias sobre corrupción y entonces todo eso porque se involucra con el asunto de la transparencia y de la coacción jurídica, resulta que tenemos absolutamente sin una pata tan importante el proceso electoral para que pueda verdaderamente tener una legitimación, hasta el momento llegar y sentar las bases con acuerdos claros que se tomen de cara a la sociedad para que se pueda avanzar en la legitimación en el ejercicio del poder, de los gobiernos y entonces vamos a cerrar la pinza.

 

No son visiones contrapuestas sino tenemos legitimación de las elecciones que se harán el primero de julio no podrá salirse con aquella frase: no se legitimó para llegar, pero se va a legitimar en el ejercicio del poder. Yo dudo que si no se legitima vaya a tener estos reconocimientos a los que se refería el diputado Döring hay que buscar, aunque se gane con un voto, la legitimización político-jurídica suficiente y sentar las bases para que ese triunfo se legitime después en el ejercicio mismo del poder.

 

CSGPPRD/MRH/MNCL

 

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