• Lunes, 14 Septiembre 2020 a las 13:30:00

INTERVENCIÓN DEL DIPUTADO ANTONIO ORTEGA MARTÍNEZ, DEL GRUPO PARLAMENTARIO DEL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA, EN EL ANÁLISIS DEL SEGUNDO INFORME DE GOBIERNO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, EN MATERIA DE POLÍTICA ECONÓMICA.

Celebró el año pasado, el mediocre crecimiento del 0.1 por ciento del PIB en el 2° trimestre como un gran logro, y se burló de los críticos porque habían fallado en sus predicciones, y festinaba: “¡No hay recesión!”, reiterando que -al final del año- creceríamos al 4 por ciento; pero la cruda realidad se ha encargado de restregarle, una y otra vez, que debe corregir y reorientar la política económica.

 

INTERVENCIÓN DEL DIPUTADO ANTONIO ORTEGA MARTÍNEZ, DEL GRUPO PARLAMENTARIO DEL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA, EN EL ANÁLISIS DEL SEGUNDO INFORME DE GOBIERNO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, EN MATERIA DE POLÍTICA ECONÓMICA.

 

“¡Vamos ‘requete’ bien!”, repite insistentemente el titular del Ejecutivo.

 

Celebró el año pasado, el mediocre crecimiento del 0.1 por ciento del PIB en el 2° trimestre como un gran logro, y se burló de los críticos porque habían fallado en sus predicciones, y festinaba: “¡No hay recesión!”, reiterando que -al final del año- creceríamos al 4 por ciento; pero la cruda realidad se ha encargado de restregarle, una y otra vez, que debe corregir y reorientar la política económica.

 

Al finalizar el 2019, el PIB ya registraba una caída del 0.57 por ciento y, para febrero (antes del inicio de la pandemia en nuestro país), la caída continuaba y llegó al  -1.2 por ciento.

 

Al término del primer trimestre de este año, ya se acumulaban 5 trimestres da caída continua, sin que el impacto de la crisis sanitaria haya sido determinante.

 

Al inicio del confinamiento, la economía ya se encontraba muy vulnerable, el estancamiento, no estaba tampoco provocado por un choque externo. Entonces ¿cómo explicar esta caída que se registra desde el último trimestre del 2018?

 

La injustificable cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco fue un grave golpe a la confianza de los inversionistas. Otra causa del estancamiento, es el austericidio -disfrazado de un supuesto combate a la corrupción- que ha afectado al gasto corriente, funciones esenciales del gobierno, y ha precarizado el capital humano gubernamental.

 

Sin duda, también ha impactado al crecimiento, la reorientación del gasto público ejecutado -con una alta dosis voluntarista y destructiva- sobre programas acreditados, y canalizado a proyectos de dudosa rentabilidad social y económica, con una clara orientación política clientelar, de concentración del poder en la Presidencia destruyendo a su paso, a cuanta institución cree el Ejecutivo se opone a su ambición.

 

Una razón más en la pésima gestión, con los perfiles de los funcionarios públicos que privilegian una lealtad ciega aunque no se acredite experiencia y conocimientos; por ello observamos frecuentemente, que la ineptitud es más costosa que el mismo cáncer de la corrupción y, pretendiendo suplir esa ineptitud gubernamental, observamos una creciente militarización del país, violentando el orden constitucional.

 

Sin duda, el más grave error de la política económica, es la pérdida de confianza de los inversionistas -grandes y pequeños, nacionales y extranjeros- por el incumplimiento de contratos y leyes; por la ineficacia de las instituciones de procuración e impartición de justicia, así como el clima de creciente inseguridad, y la incapacidad de atajar la corrupción gubernamental cuando, prácticamente, no hay licitaciones públicas sino asignaciones directas que reproducen el “capitalismo de cuates” de sexenios anteriores, y al mismo tiempo se crea un clima de confrontación y animadversión en contra de los empresarios que no son amigos del presidente.

 

¡No hay dialogo!, ¡No hay capacidad de implementación! Solo verborrea, propaganda barata y show.

 

Las finanzas públicas han sido causa y efecto en las crisis económica y sanitaria. Crecientes nuevos compromisos de gasto, como los proyectos de la refinería dos bocas y el tren maya, apoyos presupuestales a Pemex y programas asistenciales, haciendo a un lado a la inversión privada, obligaron a draconianos recortes en el resto de las dependencias de la administración, limitando tanto la inversión pública como privada, y afectando la demanda, debilitando la actividad económica  y las finanzas públicas.

 

Con esta política económica nos encuentra la crisis sanitaria: Débil, frágil, vulnerable, por eso no extraña que nuestra economía sea una de las más golpeadas del mundo, y no extraña la gran caída que sufrimos durante el segundo trimestre del 2020, del 18.9 por ciento respecto del segundo trimestre del año pasado.

 

Sin embargo, la respuesta gubernamental ante este doble impacto: El de la crisis sanitaria y la económica, ha sido más decepcionante; en lo económico, la misma receta caduca de los 15 meses anteriores: ¡No hay reflejos!, ¡no hay imaginación!, ¡no hay sensibilidad!, “¡Si van a quebrar que quiebren!”, no importa que más de un millón de trabajadores formales hayan perdido su empleo.

 

La respuesta a la crisis sanitaria ha sido igual de errática, afectando gravemente a la salud pública e impactando aún más la economía nacional.

 

Urge rectificar el rumbo de la política económica y urge rectificar la estrategia sanitaria si deseamos el bienestar y el desarrollo de todos los mexicanos.

 

Persistir en las fijaciones ideológicas caducas solo provocará la persistencia de la contracción económica.

 

 

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    "PND 2019-2024 Crítica y propuestas alternativas"